
Mi querida Lía: No estaba segura de regalarte el universo, es probable que ya sea tuyo, quería tirar por el pasillo del cuarto polvo lunar para que se iluminara por las noches, luego pensé que si por la ventana de soles, la luna hacía eclipse cada noche, no había necesidad de hacerla polvo... Pensé también en el sonido y recordé que en esa misma ventana el viento sopla y mece la estrella de colores causando una serie de armonías que me encanta escuchar cuando despierto entre tus brazos. Siento que el tiempo conspira contra mí para que día a día me quede sin elemento natural para regalarte. Ayer pensaba en el mar y recordé el lavabo adornado con caracolas y corales, también pensé en los árboles y recordé que en el estudio hay un gran árbol con la Ioanna de tus sueños. Hoy desperté recordando que en la ventana de la sala también cuelga una esfera de cristal cortado, que deja pasar al sol convertido en haces de colores. Me quedé sin regalos, pero recordé que no te había regalado mí corazón : es redondo, sin puntas para que no te lastime, es de forma circular para que cuando caiga, ruede y no se rompa en mil pedazos, es un corazón que no se parece a los demás, ha sido diseñado para no herir, porque los corazones convencionales tienen puntas y esquinas que tarde o temprano astillan, yo te ofrezco el mío, aún es pequeño, lo único que necesita para crecer es amor.